fbpx

Libro Lo Viral – Jorge Carrión

El concepto viralidad, tal como lo entendemos hoy, surgió en los años noventa en el ámbito del marketing. De la biología pasó entonces a la retórica corporativa: a partir de ese momento:

«El objetivo de un anuncio, de una campaña de publicidad, de un videoclip o de un nuevo producto es propagarse, contagiarse, infectar las conciencias del máximo número posible de compradores, sobre todo a través de las redes de telefonía».

Aunque los anuncios y las campañas fueran emitidas a través de diarios, televisión o radio, la viralidad dependió
hasta mediados de la primera década del siglo XXI de la transmisión oral, de la transmisión boca oreja. YouTube, Facebook y el resto de redes sociales comenzaron después a generar un nuevo sentido de lo viral, como aquello que puede comentarse, evaluarse y, sobre todo, compartirse masivamente.

Ser epidemia o pandemia o enajenación colectiva (casi nunca compramos un producto en lugar de otro por un motivo completamente racional). Aunque desde la guerra de Troya encontremos flechas envenenadas; aunque los virus y las bacterias sean armas desde siempre; aunque la guerra biológica sea tan antigua como el ser humano, la
viralidad digital ha situado en otro nivel de conflicto las estrategias informativas y propagandísticas modernas. El de la atención en disputa constante. Vivimos en la época de mayor alfabetización de la historia de la humanidad y, sin embargo, en la que menos tiempo y concentración dedicamos a discernir lo verdadero de lo falso, lo conveniente de lo reprochable. La viralidad como ecosistema.

La viralidad como guerra de bajísima intensidad: constante.

¿Será la viralidad la categoría que mejor define los mecanismos sociales, culturales, políticos y económicos de nuestra época?

Andrzej Huczynski, gurú del management, distinguió tres tipos de gurús: los académicos, los consultores y los héroes mánager. El influencer supone la democratización de la figura del gurú. A partir de la existencia de YouTube, Twitter e Instagram, cualquiera puede ser un gurú, si construye un estilo efectivo según las características de la plataforma, un estilo capaz de destacar en medio de la saturación, de surfear, de imponerse.

El medio es el mensajero: quienes cultivan su reputación y su influencia antes en la red social que en el ámbito editorial, periodístico, de la gestión, de la realidad, son llamados youtubers, tuiteros e instagramers. Tres
categorías para poner entre paréntesis las clasificaciones binarias. Y sin embargo: los antiguos y los modernos; los académicos y los románticos; los modernos y los posmodernos; los apocalípticos y los
integrados; los clásicos y los virales.

Compartir:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

Leave a Comment